Alex Grijemo y la información del silencio: César Mendoza

mayo 13, 2014

Portada del libro.

Portada del libro.

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Un libro fundamental para entender cómo los que entregan información pueden mentir contando los hechos verdaderos que les convienen

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Uno de los problemas más graves que viven nuestras democracias actuales en diversas regiones del mundo es el crecimiento de la información y del poder de la prensa sin que exista un contrapeso o una reglamentación que no viole la libertad.

Cuestionar a la prensa o señalar a un periodista de haber alterado hechos, invadir el espacio privado de una persona o no ser totalmente imparcial con su información puede llevar al escarnio público a quien acusa, a pesar de que las autoridades judiciales, tiempo después, le den la razón.

La prensa libre es necesaria, sin ella la democracia se erosiona o no puede existir. El problema, es que cualquier poder que no tenga control en la democracia hace que el sistema democrático se corrompa poco a poco o desaparezca. También, la prensa puede servir a grupos de interés o presión que dan a conocer ciertos hechos y callan otros.

Una de las patologías actuales, que puede pasar desapercibida, es el silencio de información ante un hecho. No forzosamente se ha dicho una mentira o se ha dado a conocer información que nunca ocurrió, pero tampoco se está dando a conocer la información relevante que puede permitir otras interpretaciones o conclusiones al lector. De “cómo se miente contando hechos verdaderos” trata el libro de Álex Grijelmo (Burgos, 1956) “La información del silencio” (Taurus, 2012).

Grijelmo -quien trabajó para el periódico El País y presidió la agencia EFE de España del 2004 al 2012, entre otros cargos-, basa su libro en su tesis doctoral “El sentido del silencio en la información. La pragmática en el periodismo”.

Para ser honestos, el libro está salpicado del estilo académico que muchas veces puede hacer tediosa la lectura, pero el resultado y la presentación del silencio como un valor distinto a cero que involucra la ética en el trabajo del periodista o de quien transmite un mensaje hace que valga la pena su lectura lenta y dedicada.

En efecto, el gancho de la portada, al señalar que es un libro que explica cómo se miente contando hecho verdaderos se cumple al cien por ciento y conduce a la reflexión de la falta de leyes que puedan sancionar un silencio velado o prefabricado para generar conclusiones intencionadas desde la prensa o los medios de comunicación en general.

El propio libro, al hablar de la pragmática del lenguaje explica cómo el silencio siempre existe entre el emisor y receptor como una forma aceptada donde el mensaje está contextualizado, permitiendo que el silencio esté representado en cada uno de los integrantes del proceso de comunicación y tenga el mismo valor, o sea, signifique lo mismo para los involucrados.

Al hablar de información, Grijelmo entiende que el silencio no solo se presenta en las palabras, sino también en las imágenes, el cine, la música, explicándolo sin la necesidad de perder su objetivo, señala que no siempre se entrega la información de forma completa y no se toma en cuenta – o se informa- el rol que el silencio está jugando en el emisor del mensaje.

Un ejemplo que puede ilustrar precisamente el valor del silencio en la información, sea en texto o visual, es la edición de una fotografía que es publicada en un periódico que no informa que se ha editado y que la falta del resto de información puede provocar que el lector la interprete de otra forma. También los titulares pueden generar ciertas emociones en los lectores y en el cuerpo de la noticia aclarar los silencios que tiene.

El ejemplo que acompaña la contraportada del libro es claro para explicar la situación del silencio en una información.

“Anoche fue encontrado el cadáver de Eustasio Peláez en una calle del polígono industrial C-40. Momentos antes se había visto por el lugar a Higinio Gurméndez, con el que tenía un litigio por unas tierras”.

Es cierto, ninguno de los dos hechos es falso, el primero estaba muerto y el segundo tenía un pleito con el occiso, pero eso no hace que Gurménez lo matara. No se puede negar que el lector pueda hacer una interpretación falsa. El receptor del mensaje puede entender algo que no se ha dicho, pensar que hay un mensaje entre líneas que le está indicando que debe de interpretar esta yuxtaposición -unir dos cosas sin un nexo de unión que permiten formar una idea o conclusión de un hecho.

Para realizar este análisis, el silencio como parte de la ética de la información, Grijelmo reúne una serie de ejemplos que provienen del quehacer diario del periodismo, la mayoría de ellos retomados de la prensa española, permitiendo observar al lector juegos de silencios cotidianos que la prensa puede realizar para marcar la línea editorial en determinados hechos noticiosos o temas que causan debate en las sociedades.

Aunado al trabajo sobre el silencio que hace Grijelmo, los ejemplos permiten clarificar diversos tópicos y refieren a una serie de análisis de la ética de la información, como puede ser la entrega de información por parte de la prensa y la libertad de opinar; también, debatir las “Máximas de Grice” -cantidad, cualidad, relevancia y claridad en la información- haciendo la distinción entre verdad y veracidad.

Las conclusiones del autor, como su preocupación principal, es que la información del silencio todavía no tiene un lugar en las leyes que permitan que los tribunales de justicia sancionen estos actos que contribuyen a la desinformación o generación de conclusiones que no son totalmente ciertas, generan tendencias en periodos específicos y pueden favorecer tendencias políticas que les permiten adquirir poder o beneficios económicos pero sin haber mentido, solo guardado silencio.

Grijelmo, Alex (2012). La información del silencio. España: Taurus.


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