Cogerse a la libertad. La sexualidad, lo más privado de lo público: César Mendoza

marzo 23, 2012

La ampliación de las diferencias sexuales y la democracia

¿Y si no me caso soy

políticamente incorrecto?

La revolución sexual sigue como la mata, dando y dando. Si hace 50 años, todavía era “pecado divino” ser homosexual, hoy pueden andar por la calle con mayor libertad y han mandado al “pecado divino” a su lugar de origen, la iglesia. Es más, la sexualidad como una manifestación pública, que permite la creación de movimientos sociales, ha permitido que los “gays” se separen de los “putos”, “maricas” y “travestis”. Decirle a un homosexual algún calificativo de este tipo puede traer eventos positivos o negativos. Demuestra que la diferenciación que se buscaba a inicios de la revolución sexual ha avanzado de manera descomunal y que puede ser la revolución democrática más sincera que existe. Aun así, y siguiendo la distinción que el conglomerado sexual exige, basta hacer un breve balance sobre lo que ha sucedido con las “excitadas” minorías sexuales.

De la cocina a la oficina, sin identidad

Dice la psicología moderna, aquella que se construye con la Ilustración, que la sexualidad puede ser aprendida o debe ser aprendida. A los grupos feministas que han luchado por los derechos de la mujer, parece que este breve apartado de pronto se les olvido y, no falta el caso contrario, se exageró.

El movimiento feminista fue la vanguardia del inicio de la revolución sexual, que a grandes rasgos, buscaba una serie de derechos específicos que permitieran la distinción de los géneros, basado en los roles sexuales que la mujer y el hombre desempeñaban.

En primera instancia, las feministas buscaron que la mujer y el hombre fueran iguales, esto llevó a cierta exacerbación femenina que condujo a la lucha “machismo vs feminismo”. El punto de la igualdad, fue entendido como la búsqueda de un espejo entre hombre y mujer que demostraba que anatómicamente eran idénticos y que, por lo tanto, deberían desempeñar los mismos roles, trabajos, profesiones y puestos. Los conflictos no tardaron en surgir, pues las leyes laborales trataban igual a la mujer que al hombre, ante esto ¿dónde quedaba la atención especializada a una mujer embarazada?

El logro más importante que hasta el momento ha tenido el feminismo en Occidente ha sido que la igualdad se entienda como que todos somos diferentes y que por ello, debemos ser aceptados tal y como somos.

La igualdad compleja que ha promovido la lucha feminista ha permitido que otros grupos sexuales encuentren cabida en el espacio público. El gran problema que ha traído la aparición de otros grupos, es haber sacado de los reflectores de la opinión pública la lucha feminista. En pleno siglo XXI, son más los pendientes y retos que tienen las mujeres que los logros obtenidos.

Es muy cierto que han salido de la posición de “ama de casa” para ocupar lugares laborales, es muy cierto que los sectores más progresistas han decidido generar una vida más liberal, donde deciden si se casan, tienen hijos, abortan o prefieren una vida totalmente individualista. El fracaso viene cuando se hace una revisión del lugar de la mujer en la sociedad mexicana, sigue siendo, aunque duela, la heredera de la figura de la Malinche. Mientras navega en busca de una identidad profesional, en su espacio privado, sigue sin lograr vivir bajo democracia, que implica tomar las decisiones de la pareja de manera horizontal. Vive en un falso dilema, por un parte su participación económica es fundamental en el hogar; por otra parte, no ha logrado generar una cultura en el hombre, donde este entienda que la educación de los hijos y la relación de pareja se construye desde los dos. En otras palabras, si la mujer no está en la casa, el hombre mexicano no está dispuesto a educar a los hijos, pero si la mujer no trabaja, el hombre mexicano no puede soportar los embates de la crisis. No se trata de una necesidad del hombre, ni de la mujer, sino de que estos aprendan a convivir bajo patrones culturales más que económicos. Resulta sorprendente que en pleno siglo XXI, la mayoría de mexicanos anden en busca de una mujer puta en la cama y una mujer sumisa en la casa, en la oficina, en lo público. En cierta manera, la cultura autoritaria no ha sido combatida de manera efectiva por los grupos feministas, pues si dejan la iniciativa a la figura dominante del patriarca mexicano, tengan por seguro que este no estará dispuesto a ceder su lugar de poder, ante esto, la cultura machista mexicana se combate desde abajo, desde la mujer.

¡Vamos! es una cuestión de visiones, el sexo oral cuando se hace de una mujer a un hombre, resulta hasta una práctica de empoderamiento del hombre, cuando la mujer no pide reciprocidad se puede respetar que no le guste, pero si pide un sexo oral y no le dan, vuelve a ser esa mujer vencida. No es guasa, pero se necesita hasta ser democrático en la cama, si no hay suficiente confianza en la reciprocidad del sexo oral, será siempre más democrático un 69. La sexualidad no es algo privado, es una parte de la lucha por la diferenciación de los géneros y mientras los derechos sexuales no sean exigidos, tendremos a mujeres con fachada liberal y progresista en lo público y negadas como iguales en la casa, en lo privado, en la cama.

De putos, gays, maricas, lesbianas, transexuales, bisexuales y lo que se sume en la semana

A diferencia de la demacrada lucha feminista que necesita reconstruir el imaginario de su movimiento, el homosexual y la lesbiana han decidido salir del closet, el cuarto, la casa, el jardín, hasta llegar a la calle y mostrarse tal y como son, con el orgullo de frente. ¿Será que hoy se tolera y respeta más a un gay y lesbiana que a una mujer heterosexual?

La ciudad de México y el reconocimiento de las sociedades de convivencia son el vivo ejemplo de una lucha sin cuartel que han vivido los grupos LGTB1 contra las posturas más conservadoras de este país.

El movimiento LGBT vino a demostrar que en un sistema democrático los derechos de cierto grupo, que no atentan contra la vida de otros y sí contra morales privadas, se hacen desde los interesados y no desde los apostolados. En la democracia, los valores, moral pública, derechos y obligaciones se construyen desde la sociedad, desde los participantes y no desde el púlpito. ¿En que afecta una boda entre dos homosexuales y lesbianas? En nada el cuerpo del tercero y su vida. A los que afecta la aceptación de la diferencia en una sociedad, es a los cuerpos que se habían erigido como los poseedores de la “luz divina sobre el mundo” y que por ello habían puesto la moral pública sin que nadie se atreviera a discutirla, ponerla en tela de juicio, cuestionarla. La lucha de los grupos TRANS demostró que la moral pública, que los valores no se dan para siempre si no que estos se expanden y que la tolerancia, es fomentar la igualdad compleja, aceptarnos diferentes respetándonos.

Se ha cuestionado que la aceptación de los matrimonios gays afecta a la familia, en si no afecta nada de la misma, pues en una familia religiosa puede haber un homosexual y sigue siendo familia. Afecta la definición del término y la exclusividad que este tenía para la unión de una vida entre Hombre y Mujer con un reconocimiento legal y religioso. En el caso legal, algunas naciones para evitar conflictos han creado nuevas figuras legales, como es el caso de la ley de convivencia en el D.F.; en el caso religioso, el casarse ante Dios es una decisión particular que es influida por la “clase social” a la que se pertenece, a los grupos que se frecuentan y a los círculos cercanos. Ante esto, si no practicas ninguna religión que prohíba las bodas entre el mismo sexo, pues el atentado no es contra la sociedad, sino al ser rechazado por un grupo que, muy probablemente, un homosexual no quiere frecuentar.

La misma expansión de las diferencias sexuales han mostrado una serie de contradicciones entre los homosexuales y lesbianas, pero esto no tiene nada que ver con las limitaciones de la libertad sino contra lo que dicen luchar. Hoy ya no sólo existen homosexuales y lesbianas que andan de cama en cama, sino también cristianos, luteranos, católicos, etc. Desde pastores que abiertamente practican su sexualidad hasta aquellas religiones que en un afán de tolerancia, como de agregados para competir en el mercado de las religiones, han decidido atender a ese sector que la iglesia católica desprecia y a veces discrimina. Esto no atenta contra ninguna lucha, ni contradice “contra” lo que se lucha, sino simplemente expande la libertad particular, aquella que cada individuo posee.

Un polvo para concluir

Las fronteras sociales, sexuales, políticas y religiosas se han expandido desde la mitad del siglo XX y hasta estos años. En lo público cada día se debe debatir más la tolerancia y proteger la vida democrática, pues una cosa es aceptar las diferencias sexuales, tolerarlas, y otra muy distinta andar justificando parafilias sexuales, que provocan la pornografía infantil y el surgimiento de Marciales Macieles, Sucares Kuris y gobers preciosos. Ellos si se cogen a la libertad, la violan, abusan de ella, la destruyen.

1 Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans

Nota: Una versión previa de este artículo se publicó en el Suplemento político Ágora en junio de 2009 (realizado el tercer día del mes)


A %d blogueros les gusta esto: