Comprar el voto, uso y costumbre en México. #DiarioDeCampaña D89: César Mendoza


El Partido Acción Nacional y la izquierda partidista se esforzaron durante el periodo de campañas en este proceso electoral federal del 2012 por demostrar que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) estaba violando el tope de campaña.

Desde mediados de abril las dudas sobre el gasto en la campaña de Enrique Peña Nieto (PRI) comenzaron a crecer entre los observadores del proceso electoral. En especial sorprendía el control territorial que tenían sus anuncios publicitarios y el trabajo de producción que demostraban sus spots en la radio, televisión y la internet.

Cada evento coyuntural que sucedía en la campaña era trabajado por el equipo de producción de Peña Nieto de manera profesional, siempre respaldado por especialistas de comunicación y mercadotecnia política. Sin caer en la mentira, la manipulación de los hechos favorecían la moderación de lo ocurrido, fuera a favor o en contra del candidato. El triunfalismo en la campaña del PRI y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) fue apaciguado con los discursos del candidato y sus promocionales. Si de pronto algún priista de la cúpula tenía síntomas de triunfalismo, altanería en ellos, la producción trasladaba los síntomas a las bases y llamaba a no caer en la provocación.

Se esforzaron tanto la derecha y la izquierda partidista por demostrar que la campaña de Peña Nieto había rebasado los topes de campaña que olvidaron poner atención en la práctica institucionalizada por el Revolucionario Institucional durante el Siglo XX: comprar el voto.

A 24 horas de finalizar la campaña electoral y a tres días de la votación, el PAN ha dado a conocer el mecanismo complejo de compra de votos por medio de tarjetas electrónicas de la empresa Monex que realiza el PRI. Por supuesto, tanto empresa como partido político lo han negado.

El PAN ha presentado la denuncia correspondiente ante el Instituto Federal Electoral (IFE), la investigación iniciará y es probable que semanas después del día de votación conozcamos la primera etapa de información. Se compruebe o no la compra de votos por medio de Monex, que plantea la entrega de recursos económicos por medio de las tarjetas a quienes dirigen el llamado voto verde como pago y recursos que pueden emplear para controlar a los jefes de nodos de votos, la compra de votos por parte del PRI es un hecho y posiblemente no se viole la ley.

En México es común escuchar que los “impuestos no se utilizan” y se pierden en la corrupción. La campaña de Enrique Peña Nieto ha sido ostentosa y llena de productos visibles que pensar que los recursos públicos otorgados a la alianza PRI-PVEM no se ocuparon sería ridículo. La utilización de los impuestos sí se ve.

Lamentablemente los recursos se han despilfarrado en la compra del voto. La experiencia del PRI en la materia y su participacón en la formación de la actual cultura política de los mexicanos le hizo entender que la solución de los problemas coyunturales, como la felicidad momentánea, como el regalo inútil, pero al fin regalo, queda presente entre los votantes que buscan el reconocimiento de un personaje famoso, público por la televisión.

Peña Nieto durante esta campaña no ha sido un estadista, ni un político, sino todo un artista de Reality Show, su objetivo era conseguir votos como fuera, lo logró. Nadie cuestiona si podrá gobernar en un mundo complejo donde la capacidad de gobierno no solo pasa por el poder legislativo, sino por las decisiones de Estados Unidos y Canadá. El NAFTA pesa, pero los canales diplomáticos -muchas veces- lo hacen imperceptible.

Lamentablemente, la compra del voto no se da como en el pasado. Ahora se opera desde lo local y se hace por medio de regalos que evaden los “estrictos” controles del IFE y la Fiscalía Especializada para la Atención en Delitos Electorales (Fepade).

Enrique Peña Nieto solo es la imagen de toda una campaña que se operó desde los candidatos a diputados y senadores. Ellos fueron los artífices de la compra del voto por medio de la entrega de la jarra, el maletín de primeros auxilios, los litros de gasolina, las tarjetas de regalo por haber concursado en un rifa que se realizó cuando asistieron a un mitin, los bailes, los kilos de carne que se ganaban con dar su número de celular al “promotor del voto” del PRI y que en un rifa transparente algún candidato elegía con su mano santa el “número de cel” que ganaba la carne. La transparencia de la entrega de regalos se hacía por medio de “Facebook” y el “You Tube” era la base de datos de los cientos de regalos que se convirtieron en miles.

Por supuesto, los actos del PRI no necesitaban forzosamente a Peña Nieto o algún otro candidato, solo que existiera la marca y se explotara para que el voto verde no emigrara en algún momento. El llamado “Peñafest” se convirtió en el modelo para recordar que después de la visita del candidato a algún lugar, cuando la efervescencia bajaba, estaba ahí su presencia con sus “presentes”.

Monex es solo la punta de un “iceberg” que no ha sido eliminado por el calentamiento global de la democracia mexicana.

Lamentablemente la entrega de recursos, “regalos” y premios en las campañas políticas mexicanas es tan común que no hay ningún delito electoral que perseguir. En la lógica de la “compra” del voto estamos esperando que pidan la credencial y entreguen el dinero, como en los comerciales de la Fepade. Deberíamos denunciar en la ¡Fepade! la falta de información para entender la evolución de la compra del voto.

Comprar un voto hoy por medio de las amenazas lleva a la denuncia, es preferible y la campaña del PRI lo ha demostrado, comprar un voto por medio del alago, la presencia, el cuidado y la “bondad” de estar al lado.

Esos regalos, ese interés que ha demostrado el PRI por su “voto duro” y “verde” ha sido suficiente para comprar la libertad política de millones de mexicanos. Monex es solo, una práctica compleja más para asegurar el triunfo Peña Nieto por medio del “uso y costumbre” de la compra del voto que inventó el PRI en México.

Si hay gente que vende su voto, es porque valora más la vida y la sobrevivencia que la libertad. Por supuesto, vender su voto no le garantiza “vivir” en un futuro, solo estar vivo a complacencia de su dueño, el señor autoritario.

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One Response to Comprar el voto, uso y costumbre en México. #DiarioDeCampaña D89: César Mendoza

  1. Celia dice:

    Es nefasto saber que los partidos políticos compran votos con tal de ganar pero ¿para qué les sirve? Si la gente no confía en ellos, no los quiere y demás. Afortunadamente sólo hay uno que no compró votos porque se los ganó a pulso y lo sé de buena fuente: El Partido Verde Ecologista de México.

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