La revuelta silenciosa de César Cansino: César Mendoza


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OAXACA, México.- El libro “La Revuelta Silenciosa. Democracia, espacio público y ciudadanía en América Latina” de César Cansino es una invitación clara, concisa y profunda para repensar América Latina, nuestra región, en clave democrática, entendiendo que el punto de partida ya no es la idea de Estado, sino de ciudadanía.

No es un libro bañado de optimismo que nos intente decir que todo va a estar bien en un futuro cercano, también reconoce que si en 1994 planteó en un texto una visión “pesimista” sobre los sucesos políticos y sociales de América Latina, hoy su pronóstico ha sido rebasado por la realidad. ¿Qué realidad?

Para responder la pregunta que aquí me he planteado, César Cansino, reconoce que existen nuevos líderes políticos que han emanado de los procesos de transición político que se vivieron en la región, aunque hay diversas formas de ejercer el poder por parte de los políticos que no están acordes con la democracia, para ello dedica un capítulo a para abordar el tema del “populismo”; los problemas de la región hoy se deben de plantear entorno a la seguridad: por un lado, sigue existiendo la violencia política, como son las guerrillas que no enarbolan principios democráticos y algunas han mutado a narcoguerrillas o grupos terroristas, la otra violencia es la del narcotráfico y México es la muestra clara de estos problemas; en materia económica, nuestra realidad se mueve entre lo recesivo y lo depresivo. Todo esto ha provocado, muchas veces o en determinado tiempo, un contagio social. Esta más que una visión pesimista, es el reconocimiento claro de los problemas que se arrastran desde el final del Siglo XX. Entonces ¿qué es lo optimista? En si misma, la Revuelta Silenciosa, o sea, América Latina tiene a su favor una sociedad civil que en los últimos años cada día está más informada, es crítica y participativa. Por lo tanto, hoy se puede hablar de un Espacio Público Político.

En este sentido, César Cansino reconoce, y comparto su postura en este tema, que la democracia sobrevive por “la terquedad ciudadana”, quien ha encontrado en la individualización democrática, o sea, reconocer la individualidad del ciudadano, la única solución ante la crisis moral que atraviesa América Latina.

Y sin embargo, pensar la democracia como forma de vida y a la política, o sea al espacio público, como el lugar decisivo de la existencia humana, no deja de tener un ingrediente optimista. En efecto, aunque no tengo ningún argumento para demostrarlo, estoy convencido que las sociedades que avanzan, que conquistan mayores y mejores márgenes de democracia y libertad, difícilmente pueden preferir algo que las haga retroceder, algo que las perjudique; las sociedades que hicieron valer en algún momento su deseo de ser libres, difícilmente regresarán —no al menos voluntariamente— a la servidumbre del pasado autoritario (Cansino, 2010: 15 pp.).

Manteniendo esta idea, la ciudadanía permite que:

Cualquiera que sea el derrotero de nuestros países en el futuro inmediato, una cosa es cierta: nada preexiste al momento del encuentro o la interacción de los ciudadanos; es aquí, en el espacio público, donde se definen y afirman los valores (y los contenidos de esos valores) que como tales han de articular a la sociedad. Es más, reconocer la centralidad del espacio público para la democracia es reconocer que todo, absolutamente todo, es o puede ser politizable, a condición de que sea debatible, que se convierta en un asunto de deliberación pública e interés social (Cansino, 2010: 16 pp.).

Las aspiraciones de Cansino quedan claras en la introducción, su función en este libro es reivindicar la política no desde la visión Estatal, sino desde la ciudadanía.

Para realizar el diagnóstico y proponer pensar la democracia desde la ciudadanía y no solamente como una forma de gobierno, sino de vida, su estudio está dividido en tres partes: El malestar con la democracia, la nueva cuestión social y la redefinición de lo público.

En la primera parte, llamada “El malestar con la democracia”, Cansino realiza una evaluación de los proceso de transición política que se vivieron en la región desde la década de los ochenta, para ello reconoce que existe una doble transición, por una parte se encuentra la política, por la otra, el surgimiento y consolidación del proyecto neoliberal en materia económica. La conclusión de esta doble transición es que hoy tenemos la liberalización del mercado y el adelgazamiento del Estado social.

En este apartado localizo, lo que para mí, sigue siendo algo realmente conflictivo, bien hace Cansino al reconocer que “Instauración” y “Consolidación” son términos polémicos y que no son sinónimos. El autor recorre los proceso de cambio político en diferentes países de la región y construye por medio de las variables “destitución autoritaria” y “rediseño institucional o normativo” la figura de la instauración en países como México, Chile, Argentina y España, la cual sin ser de la región se convierte en un ejemplo de consolidación democrática. Mi pregunta aquí es si México está en la consolidación democrática ¿cuándo terminó la instauración política? En efecto, se han convertido en dos términos polémicos, los diagnósticos lo han provocado.

Después de hacer su revisión sobre el diagnóstico de las “encrucijadas de la consolidación democrática” Cansino apunta que hay una crisis de representación política. En este sentido, reconoce que los partidos políticos ya no representan los intereses de la ciudadanía en alto grado y que su participación en la toma de decisiones en el gobierno es totalmente secundaria tendríamos que plantearnos, también, si en determinado momento los partidos en AL representaron los intereses ciudadanos. Aunque en los últimos años han surgido nuevos partidos, la mayoría de ellos aparecieron unos cuantos años antes de la alternancia de partidos políticos en el poder central de cada país o después de que hubo alternancia, ya en pleno camino de la democracia, estos no han logrado representar los intereses políticos de la ciudadanía y su peso sigue siendo débil en el sistema de partidos. En caso de que logren obtener el poder, han provocado corto circuito entre el ejecutivo y legislativo.

Alternativas para pensar la región

César Cansino reconoce en su libro que analizar América Latina se ha convertido en un trabajo que se hace desde diversas posturas y que no son pocos los grupos de intelectuales que han decidido abordar el tema. Así, desde hace unos cuantos años, y creo que el debate se popularizó entre académicos e intelectuales a mediados de la década pasada, el tema de la Calidad de la Democracia, como los herramentales que ha sugerido, provocó que los trabajos en estas líneas se extendieran por toda la región para realizar evaluaciones constantes de nuestra realidad. El problema es que la Calidad de la Democracia intentan medir la consolidación democrática o cierto estadio de la democracia que tiene una serie de requisitos mínimos que cumplir antes de que este herramental pueda ser viable. En efecto, como tal la Calidad de la Democracia es una forma interesante y con un potencial increíble para hacer diagnósticos en materia política, el problema es que si este se aplica en condiciones donde la democracia no cumple con los requisitos que el modelo pide para ser evaluada, nos puede llevar a conclusiones que no forzosamente miden lo que pasa en la región. Por otra parte, la Calidad de la Democracia vuelve a quedarse en el terreno de medir la democracia desde lo Estatal y aquellas construcciones simbólicas de la ciudadanía pueden escapar al modelo. Aun así, su potencial es sugerente para la investigación empírica en la Ciencia Política.

Para Cansino hay que buscar en otros modelos de democracia que nos permitan entender la región, pero antes de ello revisa, un texto que ya es clásico en sus libros, la “Génesis Larga y Corta” de la democracia, el cual sirvió de manera importante en su premiado libro “La Muerte de la Ciencia Política”, para explicar las transformaciones contemporáneas de la democracia, su largo avance para convertirse en lo que hoy es, y las transformaciones en la democracia, o sea, que se han dado al interior de ella como régimen de gobierno y prácticas en la ciudadanía.

Antes de comenzar a dar sus propuestas y decantarse por una forma de entender la democracia, que se comienza a hacer presente desde el inicio de su libro, César Cansino recupera uno de sus textos más emblemáticos, para mi, para analizar cómo se ha analizado la región desde diversos autores. Sí, no se puede hacer un diagnóstico si antes no se reconoce y debate con aquellos que han analizado a la región. La crítica es importante, pero no se puede hacer si no hay un conocimiento previo de las otras voces interesadas en el tema. Para ello construye las sugerentes categorías de derecha dura, derecha suave, izquierda dura y suave, combinando posiciones ideológicas con el nivel metodológico que han tenido dichas investigaciones. Al lado de estas posturas, reconoce que han surgido los enfoques híbridos que han comenzado a estudiar la región, por un lado los posmodernos, por otro los desarrollistas. El mismo modelo demuestra que aunque hay originalidad en diversos autores que han evaluado la región, la mayoría de los diagnósticos han partido de escuelas que no se crean en la región, lo cual no es un problema, sino que el problema se localiza en que los autores de América Latina, en la mayoría de los casos, no se atreven a cuestionar el modelo o escuela a la que se apegan, provocando que mucha veces se fuerce el modelo con el único fin de salir bien librado del escollo.

De allí su conclusión:

Es evidente, por lo visto hasta aquí, que no ha llegado el momento para afirmar que América Latina haya producido un pensamiento político original y novedoso capaz de dialogar desde su tradición particular con las corrientes de pensamiento dominantes en el mundo. Que exista una tradición de pensamiento en “Hispano-América” —para decirlo con Ortega y Gasset— distinta a otras tradiciones, como la idealista alemana o la empirista anglosajona, es indudable (Cansino, 2010: 170 pp.).

Ante esto, es necesario comprender que para pensar hoy América Latina es necesario que se piense a la democracia como un tema en el que todo está por hacerse. En efecto, la democracia está toda por hacerse. Si es así, debemos reconocer que estamos enfrente de nuevos contenidos y en búsqueda de nuevos valores para América Latina que poco a poco han comenzado a surgir.

Para Cansino esto plantea:

  1. Las principales escuelas y teorías del pensamiento político-sociológico tradicional, o mejor quienes recurren a ellas para caracterizar el presente latinoamericano, han fracasado de manera sustantiva para dar cuenta cabal de la constitución, significado y evolución de los cambiantes procesos y las complejas estructuras fundamentales de las sociedades nacionales en América Latina. Dicho de manera más precisa, los debates europeos sobre democracia elitista y democracia participativa, liberalismo y comunitarismo, Estado social y neoconservadurismo, no son apropiados para nuestras sociedades, pues el verdadero problema aquí consiste en “inventar” la democracia, entendiendo por lo anterior no sólo la cristalización de una determinada forma de gobierno sino, ante todo, la constitución de una forma de vida social, o sea, de sociedad. (Cansino, 2010: 173 pp.)

  2. La segunda, en cambio, sostiene que a pesar de los evidentes e importantes avances en materia de construcción democrática en la región —en términos de limpieza electoral, un relativo auge de nuevos espacios de representación, de autonomía civil respecto del poder militar, etcétera— no puede decirse que la democracia institucional sea una realidad efectivamente operante y consolidada. Es decir, los logros gestados al calor de los procesos de instauración democrática han sido más bien limitados y frágiles, dando lugar a democracias conflictivas, de difícil duración y afirmación temporal institucional. (Cansino, 2010, 174 pp.)

  3. Finalmente, mi tercera idea fuerza constituye en realidad un conjunto de percepciones, valoraciones y argumentaciones en favor de la definición de un nuevo ethos democrático; es decir, de la reformulación del proyecto democrático —experiencia matriz de nuestra incompleta modernidad— en clave latinoamericana (Cansino, 2010, 174-175 pp.).

La solución de César Cansino, es ver a la democracia desde una versión de “Democracia Radical”, pero lo radical de esto, es regresar a lo básico: “La democracia como forma de vida y la acción social como afirmación permanente de la libertad.

Se plante ante esto, reconocer lo que existe (democracias liberales). Plantear la división entre lo que es y lo que debería ser. Por último, la democracia como espacio público.

La democracia como espacio público-político, o sea como forma de sociedad o de vida además de forma de gobierno, pone en relación a individuos libres y diferentes que en conjunto forman una sociedad plural, una sociedad civil que es siempre una vocación, una aspiración a más democracia. Por ello, los verdaderos sujetos de la democracia son siempre los ciudadanos a condición de participar públicamente, de crear bienes en común (Cansino, 2010: 245).

Para finalizar, César Cansino realiza un diagnóstico general sobre los actuales desafíos de las democracias latinoamericanas:

  • La democratización política no está necesaria o directamente vinculada a la liberalización económica. Para que estos dos procesos se conviertan en las dos caras de la misma moneda deben ser apoyados por Estados flexibles y fuertes al mismo tiempo y por una sociedad civil diferenciada y autónomamente organizada. (Cansino, 2010: 254 pp.)

  • Múltiples evidencias parecen indicar que estas condiciones no se han alcanzado en ninguno de nuestros países. Los Estados latinoamericanos se encuentran en una profunda crisis fiscal, y revelan una gran incapacidad para actuar como garantes de la universalización del principio de ciudadanía. (Cansino, 2010: 255 pp.)

  • Pese a que contamos con sociedades civiles cada vez más críticas y sensibles a opinar sobre todos los asuntos que le competen, también es cierto que su nivel de organización es débil, fragmentada, pobremente articulada e incluso segmentada en términos de recursos de poder, capacidades y estrategias. (Cansino, 2010: 255 pp.)

  •  Bajo estas condiciones de ineficacia estatal y desarticulación de la sociedad civil, la institucionalización de la democracia resulta un objetivo sumamente difícil. (Cansino, 2010: 255 pp.)

  •  El consenso de Estados Unidos es muy general como para proveer soluciones reales a los desafíos de la liberalización económica. (Cansino, 2010: 255 pp.)

  • Mención aparte merece el problema del narcotráfico. (Cansino, 2010: 255 pp.)

En conclusión, aunque se pueden estar en desacuerdo con las posturas de César Cansino, es necesario reconocer que este libro es base para plantearse el tema de América Latina y sus democracias actuales. Está todo por hacerse.

Fuente: Cansino, César (2010). La revuelta silenciosa. Democracia, espacio público y ciudadanía en América Latina. México: BUAP.

Nota: Publicado el 12 de agosto de 2011 en el suplemento político Ágora.

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