El ‘show’ del rumor. La ‘ira’ de los periodistas: César Mendoza


Rumores

OAXACA, México.- Hay muchos pendientes en materia democrática en nuestro país. Cada evento coyuntural que aparece en nuestra cotidianidad viene a demostrar que tenemos mucho -o todo- por hacer en materia de instauración de la democracia.

Cuando parece que nuestro país avanza por la senda de la democracia un paso o dos pasos, en poco tiempo la clase política, los comportamientos de determinados grupos con poder o de la sociedad nos retornan al bache en el que estamos.

En cierta forma, nuestro país se localiza en un bache democrático desde finales del gobierno de la alternancia y continúa en estos momentos. Hay lecciones que hemos aprendido los mexicanos o al menos un sector (que espero no sea pequeño) sobre la democracia deseada y la realidad de nuestro país.

Primero, la transición hacia la democracia no sólo se trata de ganarle una elección en el poder central del sistema político al partido que creo el régimen autoritario, sino que va más allá de este hecho.

Segundo, aunque derrocar al Partido – Estado es complicado, más difícil es comenzar a instaurar la democracia, o sea, tener instituciones que alberguen valores democráticos y que garanticen la plena libertad de los ciudadanos, derechos humanos y “políticos”. Nada sencillo, tardado y aletargado por las fuerzas autoritarias que han logrado sobrevivir a la transición.

Desde los procesos estatales del año 2010 los partidos políticos han decidido descararse por completo o al menos han llegado más lejos en sus prácticas para conseguir votos de manera “sucia”, sin proponer planes de gobiernos realizables, y terminar orillando al ciudadano al votar por el menos malo.

Aun así, el partido que formó el autoritarismo ha ido perdiendo territorios simbólicos que no pensaba dejar en esta primera década del Siglo XXI, pero sigue vivo, goza de buena salud, tanto que 10 años después vitupera que recuperará “Los Pinos”, síntoma de que no hemos hecho mucho por la democracia, pues sus enemigos están vivos y salen a su caza.

***

Dejando el renglón de la competencia política y la forma en que hacen proselitismo los partidos políticos y el pendiente que tienen los partidos políticos que no fueron el eje del autoritarismo con las prácticas democráticas, hay otras unidades del sistema político mexicano que no han demostrado un compromiso digno con la democracia, pero sí se han aprovechado de esta cuando sus intereses están en juego o pueden incrementar sus ganancias, me refiero a los medios de comunicación.

Otra vez los medios de comunicación están en la palestra de la opinión pública, hace unos años que no lo estaban, si recordamos como último gran evento donde fueron los protagonistas la reforma electoral del 2007. Por supuesto, no han faltado los “pleitecitos” entre medios de comunicación, como los que se avienta Televisa con Proceso, Tv Azteca con Reforma o Televisa con Reforma o los pensadores “progres” con los “moderados” o los que están a favor de la guerra contra el narco y los que están con los narcos, digo con la postura de que la guerra falló y hay que buscar otra opción, pero que ellos no tienen ni la remota idea de que hacer, sólo dejan e-n-t-r-e-v-e-r que les agrada pensar en el famoso pacto, porque su religión no les permite ‘legalizar la hierba’.

Ahora son protagonistas de lo que se ha vuelto una lucha intestina por descalificarse y todo por haberse convertido en lo que “dicen” que más odian de este país o que consideran que tiene a nuestra sociedad en el repugnante atraso del que se burla TOP GEAR y nosotros, como buenos “guadalupanos” nos encabronamos pero no hacemos nada por cambiar: la clase política.

En efecto, no hay mucha diferencia, ni distancia, entre lo que hace Gerardo Fernández Noroña al decir que Felipe Calderón Hinojosa es un “borracho” y los audios que en determinado momento de una campaña política algún medio de comunicación filtra o las declaraciones de un testigo protegido que involucra a un político en campaña. Si estas filtraciones y declaraciones sirven para cambiar la perspectiva del votante en un determinado momento electoral, depende mucho del contexto de la campaña, pero el medio de comunicación no es un grupo de asesores en mercadotecnia o parte del cuarto de guerra o no lo debe de ser.

El hecho es que el despido de Carmen Aristegui de MVS por atreverse (que se atreve cualquiera si se escucha lo que dijo) a decir que la Presidencia de la República debería salir a aclarar estas cuestiones que el diputado Noroña insinúa de Felipe Calderón Hinojosa “sin prueba” es una total injusticia, pues no hay medio que esté a la altura de ejercer su “código de ética” en estos momentos. Porque en este debate sobre si fue correcta la sanción a Aristegui o un exceso o quien sabe que “madres” pasó pero ya no está en la radio, todos los comunicadores que salen en la tele o que tienen los mas altos “ratings” se han metido en la lógica de que hay que analizarlo desde “¿qué es el periodismo?” “¿cómo se hace?” “¿qué tipo de periodismo está prohibido” y ¡ya!.

Los más duros con Carmen Aristegui, que en su rueda de prensa y en su discurso ha demostrado que no está muy lejos de los periodistas que la criticaron y que no considera a su altura, por la falta de un espacio para las preguntas de sus colegas, han dicho que hace un periodismo de “rumores” y que sabe emplear muy bien la lógica, pues siempre se rodea de gente que comparte su ideología ¿los demás no lo hacen? ¿cuándo ha visto que en Tercer Grado de Televisa se siente por ejemplo, Aristegui, Gómez Leyva, Maerker, Sergio Sarmiento y Loret de Mola o López Dóriga? ¡nunca! Sólo han estado periodistas que tienen cierta afinidad, que no quiere decir que sean idénticos, una pluralidad limitada: hay diferencias, chachetadas, pero ¡nunca se asesinarán! Pero dejemos esta cuestión de lado, pues es de interpretación, ya que muchos podrán decir que todos son iguales o que es el cristal con que se mira.

Hay algo que si no puede quedar de lado y esto tiene que ver con las fuentes periodísticas y la relación de los medios de comunicación y clase política. Sobre las fuentes periodísticas en el caso de Aristegui se considera que ella de un rumor construyó una noticia. Por supuesto, por las grabaciones de su programa, no lo hizo, pero sí recuperó, como todos los medios de comunicación, la noticia de que Fernández Noroña llevó el “rumor” del alcoholismo de Felipe Calderón Hinojosa en una manta a la Cámara de Diputados Federal. Los panistas se indignaron, dijeron que era una calumnia, puede que lo sea porque el “pejista” no tiene pruebas, pero los azules tampoco presentaron pruebas que descalifiquen al presunto descalificador.

La cuestión es que un político nos pide que le creamos porque él dice que Calderón es un “pedote”, no dijo si “mala copa”, y los otros que les creamos porque ellos tienen la verdad. Lamentable, patético el asunto. Primero, Calderón no es una divinidad, es un político y la política es de seres humanos (“con virtudes y defectos”), en una democracia la transparencia tiene que ser un pilar y sería importante que los mexicanos supieran la salud de su presidente, ¡vamos! no se encarga de poca cosa, no dirige un programa como el de Laura Bozzo, sino todo el país y por las decisiones que toman, no lo niegue, uno duda.

Pero este no es el punto, si se quiere descalificar a Noroña, si existiera un interés por parte de los panistas y el gobierno de terminar con esta forma tan “amarillista” de hacer discursos políticos para ganar unos segundos en la tele, ya hubieran salido con pruebas en mano y hasta se distanciarían de políticos que viven del escándalo. No lo hicieron.

Después vienen los medios de comunicación, pasó lo mismo, algunos se subieron en la bandera de la defensa de Aristegui y la libertad de expresión. En si Aristegui, ni siquiera víctima, sólo se aprovechó el error y se terminó con una periodista incómoda para el gobierno, que no forzosamente implica que haga un buen trabajo periodístico, sino un periodismo que no es complaciente con el actual gobierno. Estuvieron los otros periodistas que también salieron a defender la libertad de expresión, pero que no defendieron a Aristegui y pues de manera diplomática le dijeron que era su culpa, pero pues que se perdía un espacio y en la democracia se necesitan muchos espacios y el “shalalá” de lo ideal confundido con un análisis de la realidad (la coyuntura).

***

Lo que se ha demostrado con el caso Aristegui, Noroña (que nadie lo sancionó) y el presunto “borracho”, que no ha probado nada, es que los medios de comunicación todavía no han logrado un policentrismo en la opinión pública mexicana, o sea, existe una pluralidad limitada en México que ha permitido el desarrollo del amarillismo y las filtraciones como periodismo de “investigación”.

Segundo, que los periodistas y los medios de comunicación nacional están divididos, igual que los medios locales en Oaxaca, pero más diplomáticos.

Tercero, el periodismo es subjetivo, pero esto no quiere decir que la interpretación de tal problema “es mi verdad” y la del otro periodista “también la es”, porque como todo es relativo, pues que todos tenemos ¡la verdá!, ¡chiroliro entonces!.

Aristegui ya no está en la radio y todos han evidenciado la pata de la cual cojean: la falta de valores democráticos. Todo en el caso Aristegui, fueron especulaciones, rumores, trascendidos, chismes y tuits que se querían convertir en verdad. Lo que menos importaba era el fondo, pues si este se conocía ya no había nota, amarillismo que vender, lo ¡chido! era construir la imagen del bueno (Aristegui), el malo (Felipe Calderón) y el feo (Noroña), pero no una defensa real de la libertad de expresión, sino de la periodista y de un modo de hacer periodismo que todos en México han practicado y si no, al menos aceptado como válido, el colmo, Aristegui no hizo nada que otros no hubieran hecho, sólo lo que un periodista hace, preguntas (incómodas en muchos casos).

NOTA: Publicado el 14 de febrero en el suplemento político “Ágora”.

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One Response to El ‘show’ del rumor. La ‘ira’ de los periodistas: César Mendoza

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