César Cansino y ‘La muerte de la Ciencia Política’: César Mendoza


La muerte de la Ciencia Política de César Cansino

Oaxaca de Juárez, 13 de enero.- César Cansino ha vuelto a despertar polémica con el libro que le permitió ganar el “Premio Ensayo La nación – Sudamericana” 2008, titulado “La muerte de la Ciencia Política”. La crítica ha sido dura, como los aplausos a veces demasiado complacientes con el autor, más que con el libro.

Los motivos de César Cansino para hacer la recopilación de diversos ensayos que ya había publicado, su mayoría, en la revista que fundó y dirigió por una década, Metapolítica, se encuentran en las críticas que recibiera el politólogo italiano Giovani Sartori en uno de los textos que publicara en español la revista “Política y Gobierno” del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y que fuera criticado muy fuertemente por Josep M. Colomer, Gabriel Negretto y David D. Laitin a finales del año 2004.

Cansino, previamente a la publicación del libro que le diera el premio que ganó en 2008, anunciaba una defensa de las tesis de Sartori y de la calidad moral del “viejo sabio”·de la Ciencia Política para hacer la crítica a los críticos del politólogo italiano. Pero hay que aclarar que el debate sobre “hacia dónde va la Ciencia Política” y sobre las limitantes que tiene, como el cuánto contribuye a tener mejores sociedades, más estables, democráticas y pacíficas, no es nuevo. En Giovani Sartori se pueden localizar desde sus primeros escritos y en lo personal la ubico en su libro “La Política”, donde explica y desarrolla el método comparado que la ciencia de esta debe seguir. En este sentido, Sartori siempre ha estado preocupado por la cientificidad de la Ciencia Política y su aporte con las sociedades y la práctica política. Cansino ha manifestado esa misma preocupación y la ha especificado para América Latina.

Aunque nunca se haya leído a César Cansino, el título del libro es provocativo, llamativo y sobre todo un tanto molesto para aquellos que están casados con alguna corriente ideológica y académica.

La recolección de ensayos que hizo Cansino para este libro le permite dividir su trabajo ensayístico en dos grandes partes. La primera de ellas es un análisis y recorrido, general, por el desarrollo de la Ciencia Política hasta nuestros días. La segunda, es la  propuesta del autor para superar los atavismos que actualmente tiene esta ciencia ante las sociedades complejas y el desarrollo de la democracia en nuestros países.

Vale señalar que en Sudamerica el libro salió en el año 2008 y en México se vendió hasta el año 2010 con la versión “mexicana” que incluye una respuesta a las diversas preguntas que causó el ensayo ante todos aquellos que leyeron la edición que salió en el Cono Sur del continente. Mi reseña se basa en la edición del 2008.

La primera parte del libro comienza con un capítulo dirigido a limitar a la Ciencia Política como disciplina y definir su objeto y método para después comenzar a realizar un estudio evolutivo de la ciencia que va de la mano, como bien lo detecta el autor, con el avance y desarrollo de la democracia. Ante esto, queda claro que la ciencia política patrocina la democracia, pero también esta patrocina a la Ciencia Política cuando necesita profesionalizar la política y se enfrenta a la propia complejidad que la democracia crea en las sociedades. Para ello César Cansino recurre a diversos autores y construye un cuadrante con un eje “x” y “y” donde va demostrando los lugares del mundo donde esta ciencia ha avanzado de buena manera. En la punta del desarrollo se encuentra Estados Unidos y algunos países de Europa (Alemania, Francia, Italia, Inglaterra y España). En la cola del subdesarrollo político se localiza África. En el caso de América latina, se hace una distinción entre dos bloques, pero que son consecutivos, el escalón superior es integrado por México, Brasil, Argentina, Chile, Uruguay. El escalón inferior está completado por el “resto de América Latina”.

Es muy cierto que la Ciencia Política tiene un avance constante en los países de democracias avanzadas y que, desde la postura de Sartori y Cansino, esta parece que está avanzando a pasos muy lentos o -de plano- se está estancado y comienza de manera desmedida a utilizar los herramentales metodológicos en los cuales se basa. La exageración y la terquedad de cientificidad conduce a que esta viva una ruptura con la ayuda a tener sociedades más estables y pacíficas. El punto es que la Ciencia Política desarrollada se ha dedicado a medir y cuantificar todo, perdiendo el sentido de qué cuantifica y para qué lo hace. Medir todo no sirve de nada, si antes no se sabe qué se está midiendo y para qué. En la idea de medir, se han sacrificado los conceptos y poco a poco estos han sido estirados para justificar cualquier medición hasta llegar al grado que dicen todo y nada a la vez.

En los cimientos de la Ciencia Política, Cansino reconoce el análisis económico de la política que por largos años ayudó a explicar la representación política y la llamada elección racional. Con este primer enfoque la Ciencia Política comenzó a tener un grado de cientificidad interesante. Después, el capitulo tres nos habla del desarrollo del “análisis sistémico de la política” a grandes rasgos, pero que reconoce una serie de conceptos que sirvieron a la Ciencia Política para definir su objeto de estudio. Sartori en “Elementos de Teoría Política”, precisamente habla de que el concepto de Sistema Político se ha vuelto más exacto y definido que otros para explicar el objeto de estudio de la ciencia.

En ese capítulo encontramos un componente que ha sido precisamente una de las piedras que se ha localizado en el camino de la democracia y la Ciencia Política: sociedad civil. El tema es tratado bajo los “mundos de vida”, idea que intenta explicar que no sólo se trata del aparato sistémico de la administración política y económica, sino que estos dos reciben demandas desde los “mundos de vida” que siempre pueden ser colonizados por los dos primeros. En este sentido, Cansino, como otros autores que el mismo cita, reconoce que la democracia ha traído un incremento de la participación ciudadana que busca incidir en el sistema político en la institucionalización de sus demandas, pero que este proceso puede provocar cierta “inestabilidad” en el sistema.

Para terminar la primera parte de este libro, hay una revisión del desarrollo democrático que nos permite observar el avance de la Ciencia Política y los diversos problemas que han sucedido en las sociedades de Occidente y que deben ver la contribución de esta ciencia para tratar de resolverlos. El cierre de este primer apartado es realmente polémico y pasa por la nueva “moda” que hay en la ciencia política de América Latina: La calidad de la democracia.

Cansino es crítico con esta nueva “moda” de tratar de medir la calidad de la democracia que tienen nuestros países latinoamericanos por parte de muchos politólogos que de manera sincera hacen un esfuerzo por construir una metodología apropiada para ver en dónde estamos y de qué pata cojeamos, pero el problema es que muchos de estos herramentales que están en plena construcción son utilizados por la gran mayoría de politólogos como si fueran la gran panacea y que dan respuesta a todo, no solamente para lo que fueron creados. Desde mi punto de vista, la crítica de Cansino puede ser excesiva hacia la calidad de la democracia, pero también sumamente aguda. Excesiva porque tiende a generalizar sobre los problemas que generan los modelos que intentan medir la democracia que puede quedar una primera impresión de que medir no sirve de nada, pero claro que sirve, y de mucho, siempre  y cuando se tengan los conceptos bien definidos sobre lo que se mide. Es aguda, porque primero hace una invitación para que los politólogos nos situemos en la realidad democrática que estamos viviendo y entonces definamos en qué parte de la transición democrática nos encontramos, si estamos instaurando o consolidando la democracia. En el caso de que el diagnóstico nos lleve a lo segundo, entonces sí tendríamos que comenzar a construir una forma para medir la calidad de nuestras democracias, pero si esto no es así, estamos ocupando una metodología de la ciencia política que no va con la realidad de los sistemas políticos latinoamericanos. Estamos intentando medir algo que no está en la realidad política.

Medir la democracia nos permite no solamente saber que avances hay, también -y esto es lo importante- los grandes pendientes y costumbres autoritarias (como leyes) que siguen sobreviviendo en la democracia. Así como se quiere medir la calidad de la democracia, debemos empezar a construir herramentales que nos permitan medir la instauración democrática.

La apuesta de Cansino, la segunda parte del libro, para recuperar el camino de la Ciencia Política o darle una mayor posibilidad de contribuir con las sociedades actuales, pasa por reconocer, en primera instancia, “la producción social de lo político” y esto es que no sólo se trata de ver el funcionamiento del núcleo del sistema político, los representantes, sino también de las concepciones políticas de los ciudadanos interesados en influir en la política, en el poder, sin la necesidad de tomarlo. Para ello, César Cansino se adhiere a la corriente del dispositivo simbólico de la democracia que entiende al poder como un lugar vacío que de vez en vez es ocupado por los ciudadanos para hacer grandes transformaciones. Esto permite entender que la sociedad civil en una democracia no sólo se trata de liberalismo, peticiones sociales, sino de estas dos más cuestiones como los derechos humanos, otredad y la construcción de los valores políticos desde la sociedad organizada hacia los políticos y no de estos hacia la sociedad civil. La democracia se ha construido desde la sociedad civil más que desde los políticos, pero se ha dejado de lado a esta para querer entender solo a los políticos.

Los límites de la Ciencia Política que critica Cansino, la escuela estadounidense, han sido precisamente esta cuestión, muchas veces, unidireccional de los politólogos por querer comprender al poder formal que se esconde en la sociedad política, entendida como los que pueden -y quieren- acceder al poder y cómo logran hacer que los ciudadanos voten por ellos. Para lograrlo, hay que medir preferencias electorales, jugar con estadística, meter dinero por la publicidad, contratar un mercadólogo, publicista y motivador para construir al político que demanda el mercado electoral, pero esto no resuelve ningún problema del mundo, sea material o posmaterial.

La razón de la Ciencia Política como ciencia es entender el funcionamiento del sistema político, pero su razón con la sociedad es colaborar con ella para tener un mejor lugar donde vivir. De allí que sea muy comprensiva la segunda parte de César Cansino, su postura es la de un demócrata radical, que ve en la Ciencia Política y la Filosofía Política dos vertientes que deben formar un camino viable para lograr cumplir con la labor social de la Ciencia Política. Arriesgada la postura del autor,  muy motivadora, pero su texto nos queda a deber soluciones a la primera parte. La cuestión es que necesitamos medir, para tratar de comprender y para falsear posibles soluciones a proponer o quedarnos en nivel de detectar problemas, diagnosticarlos, decir qué pasa y si se quiere, después un trabajo multidisciplinario para conseguir transformaciones sociales.

A pesar de esta deuda de Cansino por tratar de dar luz para resolver los límites de la Ciencia Política que crítica, pero que también reconoce sus alcances (el problema ha sido abusar de ella), la segunda parte de sus texto donde después de reflexionar sobre la babel que es la sociedad civil en América Latina, nos lleva a profundizar en “la dimensión simbólica de la política” para entender que esta no está, ni debe estar, guardada en los cuartos del gobierno ni en la “estatización de la política”, sino que debemos desestatizarla y regresarla a la sociedad civil, al mundo de vida, para que en ella se vuelva a valorar lo político.

Cansino demuestra que hay una necesidad por entender nuestras imperfectas “democracias” y señala que ha sido necesaria la adjetivación de las mismas para entender sus fallas, pero reconoce que muchos de estos diagnósticos se han quedado cortos para tratar de comprender el devenir de la democracia. La mayoría de estos análisis que se hacen de la región han caído en la idea de utilizar herramentales provenientes de realidades distintas a las que se viven en nuestra región y no han ni siquiera pasado por un proceso de adaptación o verificación para saber si pueden funcionar. No hay en el autor una idea de ver a la región como el ombligo del mundo, tampoco la idea egocéntrica de “América Latina para los Latinoamericanos”, sino una preocupación porque las metodologías que se han traído de la Ciencia Política de Estados Unidos no alcanzan para comprender nuestra realidad y, lo peor, saber que se ha hecho muy poco para aportar algo a esta Ciencia Política -tan criticada- para tener un mejor diagnóstico.  El peor de los casos en América Latina, es saber que el trabajo del politólogo lo está haciendo un sociólogo o un politólogo con herramientas sociológicas por su “alergia” a lo que viene del norte. Cansino no es “racistas” en este sentido, su propuesta consiste en recuperar a los clásicos y a la olvidada, por muchos, filosofía política.

El problema con lo cuantitativo es que en exceso hace daño, como todo, nos hemos vuelto politólogos que buscamos interpretar el número, saber que si juntamos 4 encuestas en un periodo determinado de tiempo podemos conocer una tendencia, pero no sus causas, ni el por qué está sucediendo. Hemos dejado de lado el pensamiento político, abandonado a los clásicos y la reflexión sobre las ideas. Ya no estamos aprendiendo a pensar.

En esta búsqueda de alternativas, soluciones que propone Cansino, encontramos a Hannah Arendt, sin duda la pensadora más importante del siglo XX, que encontró en la democracia una forma de convivencia en libertad para el ser humano, pero lo más importante para el tema que abordamos es que refrescó la idea que se tiene de la política: verla siempre como una posibilidad de cambiar las cosas que estamos viviendo, porque es hecha por los humanos.

Al lado de la filosofía política como un camino para repensar la política, Cansino, aunque también puede provocar los pies de barro que critica de la Ciencia Política cuantitativa, reconoce en la ficción, la literatura, una posibilidad para reencontrarnos con la reflexión, de allí que en su epílogo cuando hace una revisión de cómo se ha estudiado a lo político en América Latina, no excluya a ensayistas, poetas y escritores de la talla de Octavio Paz. ¿Cuántos politólogos han leído “el ogro filantrópico”.

Pero la deuda, la ausencia, en “La muerte de la Ciencia Política”, es que César Cansino no reconoce o no expone una solución al problema que lo acongoja a él y Giovanni Sartori, y que propone este último, aquel que pasa por la mitad de “la escala de abstracción” en el método comparado, la construcción de conceptos general, no solo universales y particulares, que están compuestos por el equilibrio entre la denotación-connotación. Teorías de “radio medio”.

La ciencia política puede estar muriendo en América Latina, hemos abusado de la escuela estadounidense y no hemos creado soluciones. Se puede criticar a Cansino porque en su libro hizo falta tal o cual autor, el diagnóstico en general es acertado y se atreve a dar soluciones, no sólo critica, que es lo que se acostumbra en la mayoría de la academia latinoamericana: esto está mal, pero… ¿entonces qué hago?

El libro es recomendable porque pone en la mesa un tema que se ha discutido mucho, pero que no ha contado con respuestas.

Cansino César (2008). La muerte de la Ciencia Política. Argentina: Sudamericana.

Nota: Publicado en ADNsureste.info el 13 de enero 2010.

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