Sobre la ‘posible’ revolución del 2010: César Mendoza


¿Revolución?

Sin “bola de cristal”

Muchas personas con las que he tenido la oportunidad de charlar en las últimas dos semanas, me han preguntado si considero viable que en el año 2010 inicie una nueva revolución armada en México. A todas he contestado que nadie me heredó una “bola de cristal” para saber si el próximo año el país se toma un año sabático para destruir todo. Lo más seguro es que la bola que me tocaba heredar en los años ochenta, haya sido robada en “la bola” de 1910 por algún pilló que aprovechó la anarquía que se vivía entonces.
A pesar de la carencia de la “bola de cristal” que nos muestre escenas sobre el 2010, tengo una deuda con todos aquellos que me han preguntado sobre los “posibles” escenarios, factores y revolución armada que se puede estar gestando y estallar de manera simbólica el próximo año.

De ante mano, considero que lo que está en peligro desde el 2006 es el proceso democrático que se iniciará a finales del siglo XX. Así es, desde mi postura, lo que están buscando los seguidores, grooves, fans, aprovechados e hipócritas que retoman o amenazan con darle la razón a los grupos que promueven una idea cíclica de la historia de México, no es el regreso al siglo XX autoritario, sino la aparición de un neo-régimen autoritario que se cree como resultado de un levantamiento armado o del “freno” a una insurrección generalizada en el inicio del precipicio, algo que convertiría en verdaderos salvadores a los “hombres ilustres” que frenaron las muertes injustas e inocentes del “pueblo bueno”, al estar no sólo a la altura de los eventos que nos pone la patria, sino demostrar la visión de estadistas que estuvo perdida durante la primera década del siglo XXI. ¡Patrañas!
El discurso sobre la revolución armada del 2010 es simplemente la “forma” en que diversos grupos que han navegado con piel de demócratas hasta este momento, han decidido darle la espalda a la Revolución Democrática, que no ha sido armada pero sí ha tenido muertos, que permitiera la alternancia de partidos políticos en el poder federal en el año 2000. Este logro que se obtuvo desde la ciudadanía y que poco a poco fue privatizado por la sociedad política, ha tenido consecuencias desastrosas para la sociedad en general. En primera, por el desinterés que los políticos profesionales, burócratas y partidos políticos han tenido para instaurar y comenzar a consolidar la democracia. Segundo, la ciudadanía mexicana en 10 años no ha tenido los canales suficientes para poder participar en la construcción democrática y sí ha visto cómo poco a poco los políticos han ido erosionando el camino de la ciudadanía.
Desde mi postura, el país se encuentra en el camino “autoritario” que la clase política mexicana ha creado para hacer fracasar a la joven democracia mexicana. Puede ser que en el año 2010 tengamos levantamientos armados aislados que tenga como objetivo intentar sobrevivir por un periodo de tiempo para intentar despertar el interés del resto de los mexicanos, digamos que esta postura encaja más en los grupos de la izquierda radical mexicana. Al lado de estos grupos armados, no se debe descartar que aparezcan otros que promuevan acciones violentas para negociar, al poco tiempo, con los grupos políticos que muy posiblemente los financiaron, creando una imagen positiva sobre los “políticos mediadores” que los catapulte a la esfera de los nuevos “estadistas políticos” que el país necesita. A pesar de estas posibilidades, el riesgo de la violencia en el país no conduce a una revolución armada, sino a la denostación final de la democracia.
De suceder esto, las fuerzas autoritarias que actualmente portan su chaleco de “demócratas” podrán lanzar un discurso con suficiente “justificación” que sólo tiene como fin reducir los mecanismos de participación ciudadana que actualmente existen y en nombre de la protección del “pueblo” suspender los derechos políticos. Esto sólo conduce a la legitimación de la violencia contra todos aquellos que se opongan al discurso oficial.
Considero que este regreso a un sistema autoritario ha comenzado a mostrar los primeros síntomas. Sin ser una lista exhaustiva, presento una serie de características que pueden soportar los argumentos esgrimidos en este texto.
El legislativo copado. El poder legislativo está controlado al igual que en los tiempos más férreos del hiperpresidencialismo priistas. En esta ocasión, por diversos grupos fácticos que utilizan los espacios que los partidos políticos han dejado en su proceso de institucionalización hacia la democracia. En este caso, la mayoría de los actuales legisladores sólo son mensajeros del grupo político que los puso en ese puesto, abandonando sus promesas de campaña y el respaldo ciudadano que recibieron en las urnas. No me referiré de manera más profunda ha este hecho, pues lo he abordado en otros textos publicados en este diario .
La “nueva” clase política autoritaria. Para poder tener un legisla-tivo mediocre y “agachado” se necesita tener a un grupo de políticos que no cuenten con la preparación profesional necesaria y un interés particular por obtener una posición económica y de poder privilegiada. Al lado de estos, los grupos de asesores “políticos” han servido para legitimar su manera tan burda de actuar, dejando de lado su “profesionalismo” y su responsabilidad con la ciudadanía. El ejemplo más claro que tenemos en Oaxaca es el llamado “Bronx priista”, lleno de políticos locales que bajo un sistema de obediencia que les ha permitido construir una carrera política, se dedica a defender las posturas de un gobierno local que nada tiene que ver con el poder legislativo. Por supuesto, esta característica no se cumpliría si los legisladores oaxaqueños fueran personas cultas y preparadas académicamente. En otras palabras, la actual clase política mexicana que ha utilizado los mecanismos “frágiles” que la democracia mexicana tiene, sólo se dedica a trabajar en lo público a diferentes poderes fácticos.
La ruptura entre lo social y lo político. El discurso de mafiosos que han mostrados los políticos y sus partidos, sólo busca beneficiar electoralmente a la organización política, nunca a la sociedad mexicana. En este sentido, vale aclarar que las últimas muestras de desinterés por lo social, como su falta de compromiso a la ciudadanía se ha visto en la aprobación del paquete fiscal 2010, que no se hizo bajo la premisa de que el país saliera de la crisis, sino bajo el supuesto de que la situación actual no empeorara. Además, la desfachatez con la que las “juanitas legislativas” dejan su curul para cederla a su patrón, demuestra que no hay una conciencia de género en nuestras políticas, pero esto no es exclusivo de la mujer política, sino obsérvese la aparición de “Juanito” como la síntesis de comportamiento de toda la clase política. Ante estos eventos, los problemas de la sociedad son simples lugares comunes en la retórica de la sociedad política.
La fragilidad institucional para estabilizar el sistema. Aunque en la creación de instituciones que necesita la democracia hay un avance, este sigue siendo demasiado débil. Si antes del 2006, se consideraba que el Instituto Federal Electoral (IFE) era el logro institucional más acabado de la democracia, los problemas poselectorales que ocasionaron Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, cada uno encabezando diversos grupos de poder, demostraron que las reformas de las que ha sido objeto sólo sirven para intentar salir del “atolladero” momentáneo, antes que prepararse para conflictivos escenarios en el futuro.
Intelectuales orgánicos y burocracia. La burocracia del país, sea federal o estatal, ha sido uno de los grupos que se ha opuesto a los grandes cambios institucionales del país, su “justificación” sigue siendo totalmente “gremial” pues no está dispuesta a perder el poder que actualmente tiene.
Por su parte, los intelectuales que en algún momento de la alternancia fueron críticos del sistema autoritario, ahora justifican la transición a la democracia y la falta de instituciones democráticas. En este sentido, se han convertido en defensores del actual sistema político y la forma en que actúan estos. Véase la manera tan servil en que han actuado en sus cargos, por supuesto, el ejemplo más completo es Luis Carlos Ugalde, quien permitió que los políticos hicieran lo que quisieran en el proceso electoral del 2006. Por supuestos, los gastos onerosos que alguna vez criticaron ahora los realizan desde sus oficinas de alta burocracia.
El evangelio de la transición mexicana. Ha hecho falta decirle a las cosas tal y como son, llamarlas por su nombre. En este sentido, el grupo de intelectuales que dirige el “intelectualismo orgánico” desde la década de los noventa se ha empeñado en construir una sola visión de la transición a la democracia. Este discurso e interpretación de algunos hechos históricos que han sido parteaguas en la historia del México contemporáneo sólo han servido para justificar las actuaciones mediocres de nuestros políticos.
Ahora resulta, que las instituciones democráticas sólo funcionan cuando un José Woldenberg las dirige. Algo similar dice el PRI de la presidencia. En este apartado sólo me queda reconocer la honestidad intelectual que ha tenido el politólogo César Cansino .
Fin momentáneo. Son las caracte-rísticas esbozadas anteriormente, las que observo para sostener que una clase política como la mexicana se puede “pegar, pero no destruir” desde ella, para señalar y considerar que la idea de que en “2010 estallará una revolución armada generalizada”, sólo esconde un discurso que intenta terminar con los avances democráticos que ha vivido el país. Sin duda alguna la democracia mexicana está en vilo.

Nota: Publicado en el suplemento político Ágora en noviembre del 2009

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